No sé nada

No se tú, pero yo se de donde vengo.

Sé de donde salen los pellizcos de la hiel, y el sudor que emana de mis venas. Sé de donde sale la tinta, agria y de sollozo quedo, que mancha siempre el papel mojado. Sé de párvulas y pulidas letras, como las manos de mi abuela, y de muñones en la mano, y de ombligos orondos y el carraspeo de saliva que empaña las mañanas.

Sé del orbitar de unos ojos en la cara, la delicadeza de la mano que acaricia el piano, del canario que habitaba la terraza cerrada, de la salita donde anidaban todas las fotografías sin marco. Sé del canto suave un domingo de sofá, la trazada de la letra de mi madre, la calada que da el que asiente al televisor, el latido de la vitrina donde ya nadie cabe.

No sé adonde voy, pero sé de donde vengo…

Vengo de carear las golondrinas del tejado de mi calle, vengo de paliar con carajillos este ansia de abrevar, vengo del combate en la barriga de polillas y Carpantas, vengo de salvar de la desdicha la cochambre del pajar.

Vengo del vientre del manijero, de acostarme en un rosal, vengo del envero de su rostro de tanto mirar al mar, vengo del fondo del nacedero donde muere la esperanza, vengo de enterrar tres mil ratones en el fondo del lagar.

Vengo del polvo del estante de la casa en que nací, del puto instante en que decidí, soltar la correa de Cerbero…


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