Odio

Te odio, no soporto las mentiras que difamas en la cuna del ego, ni el atropello premeditado a todo lo que un día fue simiente.

No te reconozco, has prendido fuego a la bandera que alzabas y enorgullecía el álamo que yermaba las noches perdidas, has acuchillado a sangre fría al niño que soñaba despierto y mancillado el lecho insomne que amortigua su decaer.

Te odio, vuelve a tu pútrida cueva; deja de asentirle a la desdicha como un animal herido que se lame las heridas a golpe de cincel, como las grietas del muro de carga de un alma atormentada.

¿Has visto lo que has hecho?

No eres más que un maldito esqueje que yace inerte en la cuneta, el de los caprichos de ahora o nunca, el que todo lo tuvo y nada le valió.

¿No ves idiota que sin unos ojos que te miren no eres nada?

Acaso esperas a que llegue el descanso eterno en una cajetilla de tabaco, pretendes que los posos de los vasos vacíos sesguen el cordón que os unía ayer.

No quiero volver a verte, aparta tu sonrisa burlona de mis pupilas, condénate a la horca del reloj de arena, a la ruina que descansa bajo la almohada, deja ya de culpar al anónimo por todos tus errores.

Coge tus miedos y vete, no regreses a este mentidero, corre lejos, que no quiero ser yo quien seque las lágrimas detrás del espejo…

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