Añicos

No logra concentrarse en casi nada,

las ninfas rehúsan del alimento que

las proporciona y no hay musa que

avive la hoguera que atesora debajo

de la falda que plagia su rencor.

No hay camino bajo la lluvia.

El agua carda el aliento y macera

las esquinas que serán barreño,

y las goteras resentidas volverán

para quedarse.

La tormenta que en él se esconde

desprende a manos llenas calma

y sosiego, y busca en la basura

la flor que creció en el cieno.

Cuéntale tú que las ojeras serán

los espejos más desvalidos,

que el huracán que embiste ha de

amainar, que la llaga que escuece

jamas volverá, a ser la vereda

que aquel día

fuimos…


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